Miguel Angel Gil. Josema Oliden

foto: josé carlos soto

Miguel Ángel Gil. Barcelona 1966

Existe una constante en su obra que radica en la intención de manifestar lo oculto, en la revelación de la esencia que se esconde tras lo aparente.

Esta actitud estética desemboca a menudo en la representación de formas e ideas antagónicas, escondidas unas dentro de las otras. Este recurso bien podría responder a una obsesión tan antigua como el pensamiento, que muestra la convivencia de polos energéticos contrapuestos que se atraen, del necesario complemento entre el bien y el mal, del simbolismo del blanco y el negro como recreación de luz y sobra, o vida y muerte.

Desde un punto de vista filosófico podríamos hablar de lo limitado de nuestra percepción para aprehender eso que llamamos “realidad”, de la ilusión de que ésta corresponde con nuestra capacidad de comprensión. Mostrado aquí de tal manera que detrás de la realidad parcial que somos capaces de alcanzar, siempre existe una realidad mayor que escapa a nuestras posibilidades, no por ello despreciable.

Josema Oliden. Hondarribia 1966

En su trabajo aborda temas como las relaciones sociales, la interacción con el grupo y cómo afecta ésta a las acciones personales en su adaptación al medio para solventar los “obstáculos sociales”. La hipocresía, que convive entre nosotros, como forma de supervivencia. La manipulación social y la resolución de conflictos de forma individual luchando o escondiéndonos, procurando retrasar la llegada de lo inevitable.

Es evidente que el individuo ha preexistido al grupo. La sociedad es el resultado de acciones individuales y para demostrarlo el individuo precisa creer en su prioridad respecto al grupo. Individuo y sociedad forman un todo inseparable y simultaneo. Hablar de uno u otro no es sino desplazar la atención ya hacia el polo individual, ya hacia el comunitario, sin romper por ello su mutua y constitutiva implicación y sin conceder a ninguno de los dos polos ningún tipo de prioridad.

La fusión

En distintas ocasiones, estas dos particulares líneas de trabajo han confluido, creando un lenguaje tanto estético, como conceptual, en el que quedan perfectamente encajados los dos discursos. Si bien se trata en ellos las relaciones sociedad-individuo, es para trascender lo estrictamente aparente, e indagar en lo que queda tras la superficie de lo cotidiano, en un ejercicio cercano a lo visionario o lo paranoide, pero de resultado muy eficaz.